
Data de finales del s. XV, principios del XVI. Es el palacio más suntuoso que puede visitarse en Sevilla, después de los Reales Alcázares. Es interesante no sólo por su arquitectura, que conjuga admirablemente los estilos mudéjar, gótico y renacentista, sino también por las antigüedades romanas, pinturas y muebles de diversas épocas que en él se hallaban, convirtiéndolo en un auténtico museo de primer orden. En 1483 (s. XV) un noble sevillano, D. Pedro Enríquez y su esposa Catalina de Ribera, compraron esta casa. En 1519 su hijo D. Fadrique, 1º marqués de Tarifa, viajó a Jerusalén. Cuando volvió a Sevilla se dio cuenta que la distancia entre la casa y la Cruz del Campo (un templete situado a las afueras de la ciudad) era la misma que la distancia entre las ruinas de Pretorio de Jerusalén y el Gólgota. Estaba muy impresionado por esta coincidencia y decidió crear un Vía Crucis. La 1º estación del Vía Crucis empezaba en la fachada, marcada por una cruz de mármol, representaba “Cristo ante Pilatos”.